Monthly Archives: April 2015

Lo que es un idioma

Dos cosas ocurrieron recientemente, que hicieron darme cuenta de lo afortunada que soy: esta vez, por hablar idiomas. Por un lado, he leído un artículo que un profesor de un colegio religioso de Alemania publicó hace años, y que se constituyó en todo un maravilloso alegato a favor de la enseñanza del rumano y en contra de la del castellano en las escuelas secundarias de su país. Por otro lado, son ya varias las veces que mis alumnos de la academia privada donde doy clases de inglés y francés me preguntan con admiración y envidia cuándo he aprendido los idiomas que hablo.

Recuerdo con una sonrisa como hace más de diez años, viviendo yo una de las estancias más felices de mi vida en Alemania, con una beca Erasmus, mis amigos y compañeros de la residencia de estudiantes consideraban que hablaba ya cinco idiomas, contanto también el rumano, mi lengua materna. Yo me reía en aquel entonces y no entendía cómo podía contarse el rumano también, ya que todos tenemos que tener un idoma materno. Pues claro, cuándo a tu idioma materno lo hablan decenas de milliones de personas en el mundo – como es el caso del inglés, del frances, del castellano e incluso del alemán – dominar también a un otro como el rumano, y además a nivel nativo, como lengua materna, puede resultar un provecho en sí. La primera vez que me dí cuenta de lo afortunada que soy fue hace ya tiempo, al pensar en cómo he aprendido estos idiomas y al ver la sorpresa que les estoy causando a veces a mis amigos de otras nacionalidades, que tienen como idioma materno una lengua que traspasa estas nacionalidades y sus fronteras.

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I’ve Had Almond Flowers

Yes, I’ve had them for years.  Yes, I knew it all along and yes, I enjoyed them as I should have, just as every year they bloomed in the only almond tree there was on my street. Only I ever stopped and think about it now, because I miss them.

almendro For the last six years, I’ve been living in beautifully sunny Madrid and I feel I am luckier and happier every single day. I still live here, but I can definitely say a whole era has come to its end, and I won’t be having almond flowers in my life anymore. I’ll be having peace and quiet, I’ll be having the sun beating on my shoulder on a beautiful spring afternoon, drowning the screen of my computer in light as I write, and I’d hopefully be having strength and inspiration to remember and put down every single fact I’ve come to know about Madrid. It will always be the place where I literally landed on the almond’s street, where a sole almond tree blooms every year, spreading its branches over and old abandoned garden that mysteriously gathers up groups of tourists on any sunny day.

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