Author Archives: Ruxandra Constantinescu

About Ruxandra Constantinescu

Journalist, writer and translator living in Madrid. Born and raised in Bucharest, Romania. Studies and work in Germany, France and Spain. Pretty lucky to be fluent in Spanish, German, English, French and Romanian, to read and write for a job, every day. ***"Choice of subject, like choice of lover, is an intimate decision. "Decision, the moment of saying yes, is prompted by something deeper; recognition. I recognize you; I know you again, from a dream or another life, or perhaps even from a chance sighting in a café, years ago. "These chance sightings, these portents, these returns, begin the unconscious connection with the subject, an unconscious connection that waits for an ordinary moment of daylight to show its face". Jeanette Winterson, "Weight".

El TOC del inglés o cómo ponerse con para luego dejar un idioma

Al principio, el inglés es necesidad; y como tal necesidad, se asume como un proceso a corto plazo, que además requiere esfuerzos y sacrificios. En seguida se transforma en obsesión: se aprende sólo con nativos – profesores o no; de hecho, da igual mientras sean nativos – y si posible, con métodos prodigiosos que prometan un éxito rápido. Finalmente, la necesidad que lleva a la obsesión se convierte en compulsión. Y no de la buena. Se respeta a rajatabla la receta del trastorno.

En un país que ya tiene un idioma internacional que se puede escuchar en cualquier rincón del mundo y que por circunstancias y oportunidades históricas ya tiene asegurado su lugar dentro del patrimonio cultural universal, el bilingüismo se ha convertido – tristemente – en una obsesión que empieza a dejar de ser la ventaja que debería de abrir mentes y perspectivas, de tender puentes y compartir creencias y pensamientos.

“Ahora mismo quiero aprender inglés para sacarme el certificado; después voy a aprenderlo sin presión, por goce, con libros, canciones, pelis y series”.

“Eso de los exámenes oficiales es un timo; nos están engañando, son demasiado difíciles, no se corresponden al nivel”.

“Quiero ponerme ya con el inglés. Es que lo cogí y luego lo dejé por cosas del trabajo. Aunque lo tenga más oxidado, ya que llevo tiempo sin usarlo, tengo nivel avanzado y quiero un grupo de mi nivel”.

“Los exámenes oficiales sólo están para sacarse el título; aunque no me lo saque, esto no quiere decir que no tengo el nivel avanzado”. Continue reading

Advertisements

This Obsession of Labeling

There was this Woody Allen movie I once saw – Vicky Cristina Barcelona – where at some point, Scarlett Johansson’s character gets The Question popped after she confesses to her friend that she´s living with her lover and his girlfriend and she´s pretty okay with it. So the friend asks her something like “so what, you´re lesbian now? Or bisexual?”. And the answer is memorable – and not just because I remember it now for the sake of my latest blog entry – : “you know what? Why should I have to put a label on it? I don´t know what I am. And I don´t really care for naming it. I just know I´m happy and for now it just works out for me just like that” or something along these lines.

No, I´m not trying to get into a heated discussion on that topic. The point I´m trying to make is that ever so often I feel it´s just a sad little world we live in (by the  by, some food for soul: “what if our whole existence is some forgotten C-graded school science project gathering dust on the upper shelf in some alien kid´s room in another galaxy?”. A science blogger was asking himself that and I keep thinking of it whenever I just want to move to the Moon, hopefully, while it´s still unpopulated.) if people keep trying to put names on stuff and label experiences and thus necessarily corset any human possibility within the confined space of limits. I hate that word and everything it implies. Put a limit to thinking, put a label on what people are or are not and you´ve got a pretty full stop for just about anything.

Most recently, I get to be disappointed verging on furious when so many Spaniards who want to learn foreign languages (mostly English) because they suddenly realized they need to go out in an unfairly English-favoring world start by labeling themselves – “how would you assess your English level?” ; “a B1+”, comes the mind-blowing answer. As a teacher, I am always going and waiting, with this general question, for something less self-demanding, like: “I am pretty good at reading and writing, I come up short with speaking and listening and I have issues with understanding”, so, of course, my follow-up questions are around these lines. Then they label me, because “no matter how bilingual you may be, you still can´t master the language as a native speaker, and I can figure out from your accent that you are not native” – whatever that means. Most surely, they say that and they realize “my accent” is different only after they find out directly from my most sincere and foolish self that I, well… am not native. I am also not blonde, I am pale rather than fair-skinned, my eyes are black, I am not tall and most importantly, I am not just yet in possession of an American or Commonwealth passport. But I guess that doesn’t help either.

Let me share my limits with you, as well as the labels I supposedly have to carry along. Continue reading

Parece mentira

Que después de la tragedia ocurrida hace tres años en Madrid Arena, el Metro de Madrid perpetue las mismas práticas irresponsables e indiferentes hacia la vida, permitiendo el funcionamiento de instalaciones, trenes, andenes y coches llenísimos, sin posibilidad física de respirar en condiciones. Vamos, como seres humanos.

Parece mentira que después de tantas tragedias recientes que podrían haber sido evitadas en aglomeraciones y multitudes, en la red de metro de una capital europea tenga una la sensación de que no tiene espacio ni siquiera para desmayarse, menos aún respirar.

Parece mentira que los (ir)responsables de una red de metro que dentro de pocos años cumplirá un siglo de funcionamiento no desalojen e incluso cierren al instante las instalaciones averiadas y que en cambio permitan la entrada de todos los viajeros, sin informarlos sobre las condiciones indecentes ofrecidas por un servicio público.

Parece mentira que una mañana de un día de trabajo en la capital española se convierta en una pesadilla para muchísimos de los que utilizamos los medios de transporte público.

Parece mentira que concretamente una línea que ha estado bloqueada durante largas semanas en verano por mejora de las instalaciones siga sufriendo averías y entorpezca así la actividad de millares de madrileños para los cuales del llegar a trabajar depende su subsistencia.

Parece mentira que el mismo día en el que la avería se solucionó en más de 5 (cinco) horas, la misma companía de visto bueno a anuncios que agradecen a los madrileños el uso del transporte público, para combatir los niveles de alta contaminación de la ciudad.

Parece más que mentira que en unos tiempos en los que escuchamos propaganda política que nos asegura que el país está preparado para combatir la amenaza terrorista (nada de prevenirla, por cierto), la companía de transporte público permita aglomeraciones inacceptables desde tantos y tantos puntos de vista, cuantos viajeros haya cada día.

Parece mentira…

… que no pueda dejar de pensar en todo el miedo al pánico de los demás que he pasado ayer en el Metro de Madrid.

… que haya llegada agotadísima y nerviosa a los dos trabajos que estoy haciendo cada día con mucho anímo y pasión.

… que haya sido mala y antipática hacia la gente con la que estoy trabajando y que cada día que me hace muy felíz, contribuyendo así a un muy feo y decepcionante entorno general.

… que haya tenido un agudo sentimiento de la inminencia de una tragedia.

… que siga escuchando una voz cada vez más débil que trata de convencerme: “tranquila, que no pasará nada…”

… que no haya escuchado ningún responsale de la cosa pública que diga algo que me tranquilice.

… que todo ésto parezca mentira.

¿Os parece medianamente bien si nos ponemos a hacer periodismo con decencia?

Sería una cuestión de dignidad; y respeto; y respeto a la dignidad. Porque lo que está ocurriendo está muy lejos de ello. Y justo en una profesión que se supone que tendría que estar en la vanguardia de la defensa de la igualdad de oportunidades y tratamiento de las personas. Podría seguir con grandes frases más aún: el periodista no nace, sino se hace; el periodista no solamente tiene principios éticos, sino que tiene que salir a su defensa; el periodismo es arte; el periodista es un creador; el periodismo debería de ser servicio público. O bien podría contaros qué es lo que ha pasado.

Prólogo. Un hombre de origen español está en búsqueda y captura como sospechoso por haber matado en Cuenca. La policía de Rumanía lo detiene en el oeste del país. La policia española agradece la colaboración. La justicia de España pide la extradición del sospechoso. A día de hoy, se espera la decisión. De ésto va. En el mismito momento en el que el sospechoso vuelve a España para que se le juzgue aquí, se apaga YA el interés mediático para Rumanía, la información de Rumanía, la justicia de Rumanía, las leyes de Rumanía, los periodistas de Rumanía. Continue reading

Cum se prețuiește compasiunea față de refugiați și imigranți

 

După ani întregi de războaie și de știri zilnice despre lupte, morți, refugiați, orașe distruse, vieți zguduite, traume și tragedii la toate porțile Europei civilizate, occidentale, mediteraneene ori estice, după râuri și râuri de cerneală ce au curs ca să ne împărtășească povești, analize, comentarii păreri, poziții, după alegeri câștigate sau pierdute, când vine vorba de imigrație, strămutare, refugiați și traume, aș avea două povestioare de împărtășit. Și aș vrea apoi să știu cine este măcar dispus să facă sau să spună la fel. Pentru că eu cred cu convingere că trebuie să judecăm drept, dincolo de discursuri, așteptări de la lideri și state europene, măsuri și reglementări, și că totul se rezumă la întrebările de la urma urmei. Cât prețuiește compătimirea? Cum se apreciază solidaritatea? Ce înseamnă mila? Continue reading

De la normalidad de los famosos enfadados con la ley

Sigo vislumbrando la lógica según la cual se crean noticias, se formulan titulares y se elaboran reportajes sobre la vida de los famosos condenados por la justicia. Fallo en darme cuenta en qué camino se habrá perdido el sentido común de reprobar públicamente hechos sentenciados por la ley – o al menos callarlos – tanto como para llegar a enterarme, a través de reportajes rosas de la televisión pública, de las travesuras de una cantante que está luchando por un permiso penitenciario dentro de una condena por blanqueo de dinero público, un ex-torero – ¿será? – condenado por haber matatado a alguien en un accidente de tráfico o de una noble muy rica que vive unos largos meses al año en un exilio autoimpuesto para no pagar… impuestos. No llego a entender porqué sus vidas, sus graves errores humanos y sociales y el cumplimiento o no de sus condenas siguen siendo temas de interés para el público devorador de información mundana. No consigo aceptar el mecanismo de esta normalidad a través de la cual, aunque sabiendo muy bien los fallos de estas personas, el público televisivo se está tragando sus historias. Continue reading

Eso de quedar bien

No es más que una forma de mentirse; de engañarse y fingir unas apariencias que no sirven para nada; de mantener un falso nivel de confianza; de asegurarse de que uno no se convierta nunca en el objetivo de la ira de nadie.

Una ex-pareja que quiere tener una relación amable después de haber engañado, mentido y disfrutado de ello; una persona que recuerda sus amistades aparentemente preciosas solamente cuando le conviene; un empleado que detesta su trabajo tanto como a sus superiores, pero que siempre les sonrie y declara su amor al arte del trabajo desempeñado; un jefe para el que sus subordinados no son más que medios para alcanzar las metas contables de la empresa, siempre deshechables, pero para los que no ahorra las palabras de excelencia.

De hecho, se trata de una debilidad; carencia en fuerza por admitir y asumir la verdad; falta de valor en aceptar la falsedad. Continue reading