Category Archives: Libros, café con leche y azahar

*** nefelibata (formación culta del griego – “nube” y “andar”) dicho de una persona: soñadora, que anda por las nubes (diccionario de la RAE)

El TOC del inglés o cómo ponerse con para luego dejar un idioma

Al principio, el inglés es necesidad; y como tal necesidad, se asume como un proceso a corto plazo, que además requiere esfuerzos y sacrificios. En seguida se transforma en obsesión: se aprende sólo con nativos – profesores o no; de hecho, da igual mientras sean nativos – y si posible, con métodos prodigiosos que prometan un éxito rápido. Finalmente, la necesidad que lleva a la obsesión se convierte en compulsión. Y no de la buena. Se respeta a rajatabla la receta del trastorno.

En un país que ya tiene un idioma internacional que se puede escuchar en cualquier rincón del mundo y que por circunstancias y oportunidades históricas ya tiene asegurado su lugar dentro del patrimonio cultural universal, el bilingüismo se ha convertido – tristemente – en una obsesión que empieza a dejar de ser la ventaja que debería de abrir mentes y perspectivas, de tender puentes y compartir creencias y pensamientos.

“Ahora mismo quiero aprender inglés para sacarme el certificado; después voy a aprenderlo sin presión, por goce, con libros, canciones, pelis y series”.

“Eso de los exámenes oficiales es un timo; nos están engañando, son demasiado difíciles, no se corresponden al nivel”.

“Quiero ponerme ya con el inglés. Es que lo cogí y luego lo dejé por cosas del trabajo. Aunque lo tenga más oxidado, ya que llevo tiempo sin usarlo, tengo nivel avanzado y quiero un grupo de mi nivel”.

“Los exámenes oficiales sólo están para sacarse el título; aunque no me lo saque, esto no quiere decir que no tengo el nivel avanzado”. Continue reading

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Parece mentira

Que después de la tragedia ocurrida hace tres años en Madrid Arena, el Metro de Madrid perpetue las mismas práticas irresponsables e indiferentes hacia la vida, permitiendo el funcionamiento de instalaciones, trenes, andenes y coches llenísimos, sin posibilidad física de respirar en condiciones. Vamos, como seres humanos.

Parece mentira que después de tantas tragedias recientes que podrían haber sido evitadas en aglomeraciones y multitudes, en la red de metro de una capital europea tenga una la sensación de que no tiene espacio ni siquiera para desmayarse, menos aún respirar.

Parece mentira que los (ir)responsables de una red de metro que dentro de pocos años cumplirá un siglo de funcionamiento no desalojen e incluso cierren al instante las instalaciones averiadas y que en cambio permitan la entrada de todos los viajeros, sin informarlos sobre las condiciones indecentes ofrecidas por un servicio público.

Parece mentira que una mañana de un día de trabajo en la capital española se convierta en una pesadilla para muchísimos de los que utilizamos los medios de transporte público.

Parece mentira que concretamente una línea que ha estado bloqueada durante largas semanas en verano por mejora de las instalaciones siga sufriendo averías y entorpezca así la actividad de millares de madrileños para los cuales del llegar a trabajar depende su subsistencia.

Parece mentira que el mismo día en el que la avería se solucionó en más de 5 (cinco) horas, la misma companía de visto bueno a anuncios que agradecen a los madrileños el uso del transporte público, para combatir los niveles de alta contaminación de la ciudad.

Parece más que mentira que en unos tiempos en los que escuchamos propaganda política que nos asegura que el país está preparado para combatir la amenaza terrorista (nada de prevenirla, por cierto), la companía de transporte público permita aglomeraciones inacceptables desde tantos y tantos puntos de vista, cuantos viajeros haya cada día.

Parece mentira…

… que no pueda dejar de pensar en todo el miedo al pánico de los demás que he pasado ayer en el Metro de Madrid.

… que haya llegada agotadísima y nerviosa a los dos trabajos que estoy haciendo cada día con mucho anímo y pasión.

… que haya sido mala y antipática hacia la gente con la que estoy trabajando y que cada día que me hace muy felíz, contribuyendo así a un muy feo y decepcionante entorno general.

… que haya tenido un agudo sentimiento de la inminencia de una tragedia.

… que siga escuchando una voz cada vez más débil que trata de convencerme: “tranquila, que no pasará nada…”

… que no haya escuchado ningún responsale de la cosa pública que diga algo que me tranquilice.

… que todo ésto parezca mentira.

¿Os parece medianamente bien si nos ponemos a hacer periodismo con decencia?

Sería una cuestión de dignidad; y respeto; y respeto a la dignidad. Porque lo que está ocurriendo está muy lejos de ello. Y justo en una profesión que se supone que tendría que estar en la vanguardia de la defensa de la igualdad de oportunidades y tratamiento de las personas. Podría seguir con grandes frases más aún: el periodista no nace, sino se hace; el periodista no solamente tiene principios éticos, sino que tiene que salir a su defensa; el periodismo es arte; el periodista es un creador; el periodismo debería de ser servicio público. O bien podría contaros qué es lo que ha pasado.

Prólogo. Un hombre de origen español está en búsqueda y captura como sospechoso por haber matado en Cuenca. La policía de Rumanía lo detiene en el oeste del país. La policia española agradece la colaboración. La justicia de España pide la extradición del sospechoso. A día de hoy, se espera la decisión. De ésto va. En el mismito momento en el que el sospechoso vuelve a España para que se le juzgue aquí, se apaga YA el interés mediático para Rumanía, la información de Rumanía, la justicia de Rumanía, las leyes de Rumanía, los periodistas de Rumanía. Continue reading

De la normalidad de los famosos enfadados con la ley

Sigo vislumbrando la lógica según la cual se crean noticias, se formulan titulares y se elaboran reportajes sobre la vida de los famosos condenados por la justicia. Fallo en darme cuenta en qué camino se habrá perdido el sentido común de reprobar públicamente hechos sentenciados por la ley – o al menos callarlos – tanto como para llegar a enterarme, a través de reportajes rosas de la televisión pública, de las travesuras de una cantante que está luchando por un permiso penitenciario dentro de una condena por blanqueo de dinero público, un ex-torero – ¿será? – condenado por haber matatado a alguien en un accidente de tráfico o de una noble muy rica que vive unos largos meses al año en un exilio autoimpuesto para no pagar… impuestos. No llego a entender porqué sus vidas, sus graves errores humanos y sociales y el cumplimiento o no de sus condenas siguen siendo temas de interés para el público devorador de información mundana. No consigo aceptar el mecanismo de esta normalidad a través de la cual, aunque sabiendo muy bien los fallos de estas personas, el público televisivo se está tragando sus historias. Continue reading

Eso de quedar bien

No es más que una forma de mentirse; de engañarse y fingir unas apariencias que no sirven para nada; de mantener un falso nivel de confianza; de asegurarse de que uno no se convierta nunca en el objetivo de la ira de nadie.

Una ex-pareja que quiere tener una relación amable después de haber engañado, mentido y disfrutado de ello; una persona que recuerda sus amistades aparentemente preciosas solamente cuando le conviene; un empleado que detesta su trabajo tanto como a sus superiores, pero que siempre les sonrie y declara su amor al arte del trabajo desempeñado; un jefe para el que sus subordinados no son más que medios para alcanzar las metas contables de la empresa, siempre deshechables, pero para los que no ahorra las palabras de excelencia.

De hecho, se trata de una debilidad; carencia en fuerza por admitir y asumir la verdad; falta de valor en aceptar la falsedad. Continue reading

Lo que es un idioma

Dos cosas ocurrieron recientemente, que hicieron darme cuenta de lo afortunada que soy: esta vez, por hablar idiomas. Por un lado, he leído un artículo que un profesor de un colegio religioso de Alemania publicó hace años, y que se constituyó en todo un maravilloso alegato a favor de la enseñanza del rumano y en contra de la del castellano en las escuelas secundarias de su país. Por otro lado, son ya varias las veces que mis alumnos de la academia privada donde doy clases de inglés y francés me preguntan con admiración y envidia cuándo he aprendido los idiomas que hablo.

Recuerdo con una sonrisa como hace más de diez años, viviendo yo una de las estancias más felices de mi vida en Alemania, con una beca Erasmus, mis amigos y compañeros de la residencia de estudiantes consideraban que hablaba ya cinco idiomas, contanto también el rumano, mi lengua materna. Yo me reía en aquel entonces y no entendía cómo podía contarse el rumano también, ya que todos tenemos que tener un idoma materno. Pues claro, cuándo a tu idioma materno lo hablan decenas de milliones de personas en el mundo – como es el caso del inglés, del frances, del castellano e incluso del alemán – dominar también a un otro como el rumano, y además a nivel nativo, como lengua materna, puede resultar un provecho en sí. La primera vez que me dí cuenta de lo afortunada que soy fue hace ya tiempo, al pensar en cómo he aprendido estos idiomas y al ver la sorpresa que les estoy causando a veces a mis amigos de otras nacionalidades, que tienen como idioma materno una lengua que traspasa estas nacionalidades y sus fronteras.

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Historias de mujeres en España

Cuando recibí la invitación de participar en una jornada de la mujer en una ciudad de Madrid con una ponencia sobre la mujer inmigrante en España, dos palabras, o incluso dos ideas se me quedaron: la organizadora me habló de homenaje y valor. Ella quería organizar este evento en torno al valor de la mujer inmigrante y en homenaje a esta misma, para su fuerza y su coraje, para sus capacidades y sus formas de adaptarse, evolucionar y crecer dentro de lo que es el proceso migratorio. He pensado en seguir siendo, como siempre, una mera intermediaria entre la realidad de los hechos y el público; es decir: transmitir, comunicar, hacer llegar la información que tuve la oportunidad de recoger durante todos estos años de trabajo como periodista extranjera. La profesión me ofreció una oportunidad, la de ser un poco más que una periodista (o talvez menos, según perspectiva): he apuntado y depositado todo lo que llegaba a saber, todo del que me enteraba. Tuve que cubrir la actualidad general – política, social, cultural, económica – de España, hacer llegar los hechos al público de Rumanía, pero una parte importante de esta actualidad española siempre fue la inmigración, y dentro de ésta, la de los inmigrantes rumanos que llegaron a ser el colectivo mayoritario entre los extranjeros de este país. Nunca me gustó aburrir a mis lectores u oyentes con datos, cifras, tendencias migratorias ni demográficas y quise por lo tanto contar unas historias, sin nombrar a las protagonistas, en el afán de protejer su intimidad y la de sus familias. Así que un buen día de primavera, he compartido unos cuentos y relatos; son de las mujeres rumanas que he conocido a lo largo de mi estancia y durante mi trabajo como corresponsal. Son historias de mujeres rumanas, pero queda por debatir si alguno de estos detalles, alguno de estos momentos pueden o no ser asociados a la vida de cualquier mujer inmigrante en España. Es decir, si entre tantas nacionalidades que abarca este país, entre tantas culturas, religiones, costumbres, tradiciones tan diferentes – si nos percatamos de alguna diferencia cuando llegamos a hablar de las historias y las vidas de estas mujeres. Hay muchas historias que contar; muchísimas. Quince años (aproximadamente) de intensa inmigración rumana en España no es mucho tiempo en terminos demográficos ni en efectos de los movimientos migratorios. Pero es mucho lo que se consiguió – las vidas que se forjaron durante este tiempo. Por ejemplo, la capacidad de la mujer rumana de “aguantar hasta el cabo del imposible”, como me decía un día una de ellas. Su figura genérica cubre a la de la empleada domestica que a veces trabaja durante toda la semana y libra solamente los domingos, para ir a la misa y ver a sus hijos. ¿Pero qué hay detrás de esta figura genérica? Continue reading